La Comarca de Ortegal se sitúa en el extremo más occidental de la costa de la provincia de Coruña, limítrofe ya con Lugo, en la franja de tierra más septentrional de la Península Ibérica.
Su nombre le viene dado por el Cabo Ortegal que con sus peculiares formaciones rocosas, “Os Aguillóns” (“Los Aguijones”) es el indiscutible icono de la Comarca. Estos aguijones, de gran interés geológico, no son otra cosa que islotes de ecloxita, una piedra tan dura que ni la fuerza del mar la consigue suavizar mediante erosión. Por ello su superficie es permanentemente arisca y afilada, emergiendo del mar como inmensas uñas de percebe, ese otro poblador tan adaptado y abundante de esta costa.
Pero el Cabo Ortegal no es el único singular de la Comarca. Si este cabo corona la costa de Ortegal en su extremo más occidental, la Punta de Estaca de Bares le sirve casi de cierre por el este, compartiendo ambos el privilegio de marcar el lugar en el que el Atlántico pasa a ser Cantábrico.
La Punta de Estaca de Bares se encuentra en el extremo de una gran península que sobresale hacia el norte y que vista desde el aire tiene una curiosa forma de cabeza de perro. Estaca de Bares es una referencia marinera fundamental por tratarse del cabo más septentrional de toda la Península Ibérica, 43º 47' 38'' latitud norte.
Como icono del Ortegal, podríamos pensar que la constitución puntiaguda del Cabo Ortegal y sus “Aguillóns” resume el carácter del paisaje de toda la Comarca, pero no es así. Si bien es cierto que en buena parte de ella lo agreste y bravío es el elemento predominante (Sierras de la Coriscada y Faladoira, Acantilados de Herbeira y de Picón), contrasta ese carácter con el de otros lugares de su geografía en los que lo agreste deja paso a lo suave, y lo bravío a lo sereno.

Por otra parte esa dureza de la costa abierta y las sierras de Ortegal no es tampoco reflejo de la idiosincrasia de sus gentes.
Si a primera vista podría ser que resultaran éstas duras y ásperas, el visitante no tarda en darse cuenta (y ésa es de hecho la experiencia de quien esto escribe) de que sólo es apariencia: Pronto se desvela un espíritu cordial y sano, una naturaleza hospitalaria y comunicativa.
Y otra cosa se descubrirá también rápido:
Los habitantes de Ortegal poseen el don de un sólido pero nada vehemente orgullo por lo propio. Saben lo peculiar del lugar en el que han nacido o viven (también hay en estas tierras quienes viven en ellas por decisión que no por nación, oriundos de Ortegal nacidos en Gales, País Vasco, Levante y quién sabe cuántos otros lugares). Las gentes de esta Comarca adoran su tierra y muchos, con independencia de la altura de su currículo académico, lo atestiguan en un directo conocimiento y estudio de ella.
Un consejo: Dado que es ésta una tierra de múltiples rincones, los más de ellos escondidos, nos parece conveniente cultivar la amistad de alguna de sus gentes. Si somos capaces de hacernos también nosotros un poco de Ortegal, pronto ganaremos su confianza y con ello la posibilidad de que su orgullo traicione a su prudencia y nos empiece a desvelar algunos de esos preciosos secretillos de la Comarca. Con seguridad, sentirá remordimientos y nos rogará: “máis… non llo digades a ninguén” (“pero… no se lo digáis a nadie”).